Libido

¿Cuánto tarda la hiedra en cubrir por completo el cenador de una casa nueva? ¿Cuánto tarda el musgo en cubrir la piedra de una catedral por completo? Depende, siempre depende de lo que ayude el ambiente del lugar. La humedad es un factor importante que hay que tener en cuenta siempre que se trate de vegetación. La hiedra no puede crecer en un desierto. El musgo no puede reproducirse sin humedad en el ambiente. Pues bien, lo mismo pasa en este caso. Eres tan sumamente estúpido que no provocas ni una mínima partícula de humedad entre mis piernas. Es como si intentaras hacer crecer una margarita poniendo sobre ella un calefactor. Como un lanzallamas para un hermoso pinar. Llevas aquí menos de quince minutos y lo único que has conseguido es que mi libido baje hasta unos límites que no sabía ni que existían. Nunca, en toda mi vida, había tenido más ganas de irme sola a una isla desierta para no volver jamás. ¿Te queda claro ahora?

El chico la miró boquiabierto.

—Joder, qué complicadas que sois las mujeres. ¿Eso es un sí o un no?

—A ver, en un universo paralelo, en el que tu inteligencia sea infinitamente superior a tu musculado cuerpo y puedas llegar a comprender lo que significa una negativa, entonces, y solo entonces, sería un «tal vez».

El chico sonrió a la vez que se acercaba un poco más mientras levantaba la mano para llamar a la camarera.

—¡Dos chupitos por aquí!

Ella lo miró estupefacta.

—¿Se puede saber qué haces? —dijo, mientras él, lentamente, se arrimaba un poco más hasta que se quedaron a tan solo cinco centímetros de distancia.

—Has dicho: «tal vez».

Ella negó con la cabeza.

—¡Por Dios! He dicho tal vez en un universo paralelo.

—¿Paralelo? ¿Es una especie de clave?

La chica iba a contestar, pero la camarera le puso una mano en el hombro mientras con la otra llenaba los dos vasos de chupito.

—Mira, chaval, lo que te está diciendo esta tía buena es que te vayas a molestar a tu puta madre.

El joven miró a la camarera y luego a la chica, la cual, después de parpadear, asintió lentamente con la cabeza.

—¡Pues haberlo dicho antes, cojones! Llevo media hora perdiendo el tiempo.

 

La camarera miró a los ojos de la chica mientras levantaba su vaso de chupito para brindar. Esta la imitó y ambas se lo bebieron de un trago. Sus miradas dejaron claro que la libido ya estaba a pleno rendimiento.



Comentarios

Entradas populares de este blog

H - Un relato de navidad

Peón blanco